Diario Información, 04.01.2014
CARLOS DE AGUILERA
Fueron los mariscales napoleónicos los primeros que advirtieron al emperador la dificultad de invadir la Península Ibérica en las primicias del siglo XIX. Advirtieron al corso que, una vez traspasado el Pirineo, los ejércitos atacantes se encontrarían, cara al sur, con otra cordillera cada cien millas más o menos. Y entre montaña y montaña, un río que habría que cruzar sin que en su camino se encontraran demasiados puentes; por otra parte, fácilmente defendidos por los españoles. La geografía influyó mucho más que las armas y el arrojo con que fueron usadas contra la invasión tuviera efecto.
Y en el siglo pasado, cuando una vez ocupada Alemania, los ejércitos de Hitler tenían acantonadas doscientas divisiones acorazadas en la llanura central europea, fue el propio «premier» británico, sir Winston Churchill, quien alertó de la existencia de las cinco murallas naturales de la Península. Pirineos, Sistema Ibérico, Cordillera Central, la Bética y la Penibética. Y las cinco corrientes de agua, el Ebro, el Duero, el Tajo, el Guadiana y el Guadalquivir.
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